Melocoton en almibar libro pdf

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Mi agradecimiento a Paloma, Pepa, Lola, Carlos y Alex. Pero sobre todo y melocoton en almibar libro pdf encima de todos, a Jesús Pozo.

Polvo eres comenzó a gestarse hace ya diez años, pero nadie lo sabía. Hasta entonces, el periodismo me había llevado por los derroteros habituales que marcan las secciones de un periódico como Diario 16. Fue allí, en el diario de la libertad sin ira, donde aprendí de qué pie cojeaba el monstruo informativo. Un peculiar encargo —ser redactora jefe de una revista del sector funerario titulada Adiós— me puso en contacto con una información absolutamente desconocida. Su director, Jesús Pozo, me guió por la senda de las vertientes sociales, económicas, culturales, religiosas, antropológicas e históricas de la muerte.

Me dijo: O esto lo cuentas con humor, o no hay tutía. Le hice caso —aún se lo hago a pie juntillas— y aquellos lodos trajeron estos polvos. Es de justicia reconocerlo, y justo es también decir que la siguiente en el escalafón, la coordinadora de Radio 5 Todo Noticias, Paloma Zamorano, asumió el reto —entre incrédula y pasmada— de encajarme en la programación. Eros y Tánatos se apañan bien juntos, pero el fondo de este asunto es que quia pulvis es et in pulverem reverteris.

Y que Dios, o quien sea, nos pille confesados. Nerón estaba como una cabra, esto no es nuevo. Fue el emperador más sanguinario de Roma, no tenía el más mínimo escrúpulo y su entretenimiento favorito, además del sexo y tocar la lira, consistía en matar a aquel que le estorbara. Nerón murió en junio del año 68, tras conocer que el Senado le había destituido y que toda Roma le buscaba para saldar cuentas. No tuvo valor para matarse y fue uno de sus libertos de mayor confianza, Epafrodito, quien tuvo que hundirle el cuchillo en la garganta.

Cuando interpretaba estaba terminantemente prohibido que nadie abandonara el teatro, y algunos espectadores llegaron a fingir que habían muerto para que retiraran sus cadáveres y así poder huir de los insufribles cantos de Nerón. La vida de Lucio Domicio Claudio Nerón estuvo salpicada de muertes. Afortunadamente, a la tercera noche se le apareció la Virgen y le indicó cómo liberar a Roma del poder diabólico del emperador quien, por cierto, se aparecía de vez en cuando. Al cuarto día se reunieron en torno al nogal que había sobre la tumba de Nerón cientos, quizá miles de personas.